NARRACIONES

Narraciones de mi propia creacion, temas fantásticos.

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Ubicación: Arequipa, Arequipa, Peru

domingo, enero 01, 2012

LUCES

Fue un rayo de luz lo que la despertó. No fue precisamente un rayo de sol pues eran las tres de la mañana. Fue el fastidio, más que todo, lo que la hizo reaccionar. Somnolienta se sentó en la cama tratando de ver quién era la persona que la alumbraba pero la intensa luz no la dejaba distinguir, era un círculo radiante y preciso, no alumbraba nada alrededor, solo su rostro.

- Estoy aquí como lo prometí, vamos quiero mostrarte algo.

Oriana reconoció la voz, su corazón empezó a latir aceleradamente, no pudo evitar que se le escaparan algunas lágrimas. “Lo he perdido”, dijo ella. Él dejó de alumbrarla y al instante ella sintió un polvo, que él había soplado, le caía en la cara, inevitablemente lo respiró. No creyó que fuera algo malo, confiaba en él, y en verdad no fue nada malo.

La tomó de la mano, estaba caliente por el calor que abrigó mientras dormía, él llegaba de la intemperie. Oriana no podía ver nada en la oscuridad pero no le ocasionó problema alguno, conocía de memoria por donde debía andar. Él también conocía la casa.

No hubo luna y los postes de luz no funcionaban desde hace dos días. El hombre empezó a caminar rápido jalando de la mano a Oriana, bajaron dos cuadras hasta llegar a un almacén abandonado.

- Entremos, quiero mostrarte algo.

- Aquí no hay nada, regresemos a casa, hace mucho que no te veo.

- Ya estamos aquí, entra - alzó la voz.

- Suéltame, me duele.

Oriana quería deshacerse de la mano que la apretaba y la jalaba hacia dentro. Tiró con fuerza para escapar pero la mano del hombre se había arrancado. Se quedaron viendo el uno al otro sorprendidos, mas ella no pudo reconocer el rostro. Él desapareció en medio de una nube de polvo y ceniza que explotó desde su interior.

Luego de cuarenta y ocho horas Oriana pudo despertar. Se sentía realmente cansada, no sabía dónde estaba, no recordaba nada. Difícilmente pudo observar que su habitación se excedía en colores claros que ella odiaba, entendió que no era su cuarto. Alguien se acercó, se quedó quieta mientras este se aproximaba a su rostro con una pequeña linterna para alumbrarle las pupilas. Era el médico de turno haciendo su trabajo. Empezó a agitarse pues entendió dónde estaba aunque no sabía por qué… Hasta que pudo recordar algo e intentó explorarse y no pudo, estaba atada a la cama. No era esquizofrénica ni nada que se le parezca solo trataban de impedir que tocase la enorme herida que llevaba. Seguía haciendo fuerza para escapar de las ataduras. Entonces recordó todo. Empezó a gruñir y gritar y hacer más fuerza, quería levantarse. El médico llamó a las enfermeras, una para cada miembro, otra le inyectaba un somnífero mientras el médico le curaba la herida que aun no había cerrado.

Horas después Oriana recuperó la conciencia. Trató de abrir los ojos pero luces intermitentes tan fuertes como el sol se lo impedían. Notó que alguien sacaba aquellas luces a empujones por una puerta. Era la prensa queriendo tomar fotos a la víctima del horrendo crimen; siempre ellos irrumpiendo en todo como si fuesen amos de vida y lugar existente, sin respetar nada ni nadie. Nuevamente cayó rendida por un sedante.

…SUJETOS DESPIADADOS SUSTRAEN FETO DE MUJER DE VENTIDOS AÑOS LUEGO DE HABERLA VIOLADO. NO HAY RASTRO DE LA CRIATURA.

En verdad fue un milagro que no haya muerto, aunque ella hubiera preferido lo contrario. Lo cierto fue que cuatro sujetos la interceptaron en un auto mientras ella se dirigía a su casa, le cubrieron la cabeza con un bolso oscuro para luego empujarla al interior del coche. La llevaron a un almacén abandonado desde hace nueve años ubicado en las afueras de la ciudad. Nadie escuchó sus gritos. Ya en el lugar uno de ellos, cogiéndola de los cabellos, la sacó del auto, la mujer tuvo que aferrarse al brazo del hombre para que no se le arrancasen de la piel. Ninguno de ellos pronunció palabra alguna hasta entonces. Al parecer habían puesto en práctica un acto ensayado repetidas veces. Todo el local estaba rodeado por ramas secas de guarango, pero ellos ya habían limpiado una parte, la entrada. La arrastró hasta el medio del galpón. La alumbraron con linternas. Quiso ponerse en pie, pero un puñetazo en el pómulo derecho la devolvió al suelo. Recuperada nuevamente trató de escapar a gatas, un nuevo golpe, esta vez una patada en el estómago, la hizo tumbarse de lado y otra en la cara la puso boca arriba ya sin aire ni fuerza. Uno tras otro la violaron, la escupieron, la orinaron, la maldijeron, la ofrecieron a un rey oscuro para que finalmente el líder abriera su vientre con un escalpelo y le sustrajera el feto que llevaba desde hace cinco meses.

En el momento de la extracción aparecieron otras luces desde la entrada. “Alto ahí”, se escucho decir además de disparos al aire. Cada uno escapó por donde seguramente sabía que debía hacerlo en un caso como ese. Aprovechando la oscuridad huyeron por distintas ventanas cayendo dolorosamente en las espinas secas. Ninguno emitió quejido alguno y menos quien llevaba el feto. Los dos policías que se aparecieron no pudieron ir contra ellos, solo reaccionaron a recoger a la joven allí empastada en polvo y sangre para llevarla de inmediato al hospital.

Al recuperar nuevamente la razón desde la última dosis de Dormonid se vio acompañada de dos personas, no pudo reconocer los rostros por la pesadez de sus parpados pero identificó las voces, se sintió aliviada.

- Por favor desátame la manos, no lo soporto más.

De inmediato procedieron a desajustar las correas. Oriana cogió la mano de uno de ello, el más próximo.

- ¿Qué te pasó? –siguió tocándolo subiendo por el brazo.

- Nada mi amor, caí en unas espinas por accidente.

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